Después de mucho andar, resultó ser que el objetivo no era la meta, sino el propio camino.
Un día, sin previo aviso, se presentó como parte del camino, la opción de nadar el Canal de La Mancha.
Durante mucho tiempo había escuchado historias, anécdotas, como así también leído libros, blogs, y todas tenían un denominador común. Hablaban del Canal como el hito máximo de las aguas abiertas. Nadarlo te definía como un Channel Swimmer, bastión muy ansiado por muchos nadadores. Lo mencionaban como el Everest de las aguas abiertas, aunque con una ascensión en solitario.
Un cruce que no te era indiferente, y que si bien podrían haber más complejos aún, seguramente no habría ninguno con mayor renombre y prestigio. 150 años de historia del ser humano intentando cruzarlo, tal y como lo había logrado el Capitán Matt Web en el año 1875, luego de casi 22 horas de nado continuo. Un desafío en un mar que se ha tragado nadadores, barcos, aviones. Un mar complejo, que impone respeto. Un desafío que cuando llega a tu mente por primera vez, parece inalcanzable.
El Canal es frio, muy frío. La ventana de tiempo no malo para poder intentar el cruce es realmente estrecha, ya que la mayor parte del año el agua ronda entre los 7 y los 12 grados, lo que lo hace impracticable, considerando una media de entre 14 y 16 horas de nado continuo.
Es un mar violento, donde el Océano Atlántico y el Mar del Norte se enfrentan como dos púgiles deseosos de victoria, en un estrecho de 33 kilómetro de ancho, viniendo de sus inmensos espejos de agua, lo que hace que sea una zona de vientos constantes, y con una climatología agobiante para los que van en persecución de algún rayo de sol.
Es un mar donde el tráfico marítimo es constante, y a todas horas. Ferries por aquí, mercantes por allá, barcos todo alrededor.
En fin, es el Canal de La Mancha. No se si necesita muchas presentaciones.
El martes 9 de Agosto a las 4.15 de la mañana tenía una cita con el Canal. Tenía el privilegio de lanzarme al agua, para intentar nadarlo.
En ese momento llevaba 7 años desde que se me pasó por la cabeza por primera vez y 5 años esperando esta cita, que era poner los pies mojados en la costa inglesa, cerca de Dover, para poder dar inicio al cruce. El Covid había echado por la borda 2 años de espera previos. Y el clima lluvioso y ventoso ya se había tragado hacía menos de un mes, una ventana de cruce de 10 días.
Pero ahora se barajaba nuevamente las cartas, y comenzaba una nueva ventana. Entre el 3 y el 8 de agosto tenía una nueva oportunidad, la 3ra, y allí había que estar.
Los nadadores profesionales, tienen la suerte, o no, de que van acompañados allí a donde quieran que vayan. Un equipo de profesionales que no solo te asesoran, sino que te cobijan antes, durante y después de las travesías.
Mi perfil de nadador amateur sin ningún tipo de financiación ni ayudas, me ha puesto en bandeja el desafío de la soledad. Y así fue como me he animado a cruzar varias de mis últimas travesías. Aunque en este caso, al igual que ha ocurrido en Jersey en septiembre del 22 (casualmente ubicado también en el Canal de la Mancha, aunque más al sur), tuve la suerte de que me ha acompañado un amigo.
Un amigo, es una forma de decir. Por que en realidad vas acompañado por alguien con quien no solo tienes un vínculo de amistad, sino que compartes afinidades, conce tus miedos, fortalezas, motivaciones, etc., etc. Esa es la persona con la que vas, pero vuelves con alguien con quien has compartido, probablemente, una de las vivencias más fuertes de tu historia personal, exceptuando la llegada y el adiós de tus seres más cercanos.
Los entrenos de la semana previa, la tensa espera del momento del cruce, la convivencia, la comunicación con la embarcación, los preparativos, etc., etc. Son tantas cosas, que la mínima rotura de sintonía, te haría perder el equilibrio necesario para poder sacar el proyecto adelante. El que lo nada, indudablemente es quien lo cruza, pero no eres nadie sin el apoyo y la contención recibida.
Todos esos momentos hacen al cruce. No es una travesía de 48 horas, en la que llegas, nadas y te vuelves. Es una travesía que puede durar semanas, meses e incluso años. Tener que ir en varias ocasiones, hasta que finalmente tienes la oportunidad.
Así que intentaré dejar algunos recuerdos de lo que fue el cruce efectivo. El del 9 de agosto, junto con su semana previa.
LA PREVIA
La Previa al cruce es otro desafío en si mismo. Es tan agobiante, tan agotadora, que lograr superarla razonablemente entero, es casi una garantía de entereza mental.
Si aún no has cruzado, es por que el clima es muy malo. No apto para nadar. Temperaturas por debajo de 15 grados, en pleno verano, lluvias y vientos constantes. Un cóctel que de presentarse durante el año, evitarías entrenar mientras no cambie la climatología a mejor; pero estando allí, supuestamente a días de cruzar, no te puedes dar el lujo de hacerlo, por que sino pierdes las sensaciones del frío, para las cuales tanto te has preparado durante el año.
Así que hay que tirarse al agua, a nadar un buen rato cada día, en soledad, en un agua que no te deja ni ver tus propios brazos de lo turbia que es. Esperando que el Capitán de tu embarcación, algún día te envíe una señal. Una señal que no llega. Que nunca llega, y que solo permite disparar las conjeturas de una nueva cancelación.
En fin, todo un capítulo aparte
EL CRUCE
Pasados 10 días de estadía en Dover, finalmente el capitán da una señal de vida. 10 días donde estás mirando constantemente las condiciones climáticas, estás atento a los movimientos que hace tu embarcación. Si está o no en el puerto. Si los otros barcos de la asociación están también atracados en puerto o si están cruzando. En fin, programando el cruce y esperando la señal de salida que puede llegar en cualquier momento, para la cual tienes que estar listo.
– Hay una pequeñísima posibilidad de cruzar (envía mensaje el capitán), la madrugada del cierre de tu ventana. Te animas ?
Esa señal llegaba en un momento de brazos casi caídos, pensando mas en volver a casa que en nadar. Agotado física y mentalmente. Y además requería un cambio de logística bestial.
El día que nos proponía el capitán, ya estaba fuera de nuestros planes. Ya iba a ser la última noche en Dover, preparándonos para volver a casa.
Así que había que resolver una extensión adicional en el trabajo, luego de varios días de trabajar en remoto, explicarlo en casa, reconsiderar los aéreos, extender la estadía en el hotel. Un montón de cosas … Y estar en las siguientes 36 horas en el agua preparados para nadar.
Pero si, todo se pudo resolver. En el momento de mayor oscuridad, cuando todo parece perdido, es cuando más hay que empujar. Lo sabía. Pero a pesar de ello, no es sencillo sostener un buen estado de ánimo. Es muy difícil no flaquear, cuando todo está en contra.
Esa misma tarde entrenamos por última vez en lel mar.
Nos fuimos a Folkeston a nadar. Un pueblito a 15 km de Dover, donde el agua era algo más limpia, pero igual de turbia y movida. Solíamos nadar casi pegados a un paredón de 20 metros de alto que se introducía en el mar, y que en verdad era uno de los laterales de la escollera que separaba el puerto de la playa. Al final de la escollera se encontraba un antiguo faro, aunque muy bonito. Acabado el paredón, acabada la escollera, la cual generaba mucho respeto, daba la sensación de que se iniciaba el fin del mundo. No me he atrevido a pasarme de ese punto de referencia en soledad. Las corrientes se apreciaban perturbadoras. Pensaba siempre que llegados al final, sería mejor volver a la orilla, y en todo caso, nadar nuevamente hasta el faro.
Al otro día, último entero antes del cruce, nos tomamos un buen rato en preparar el avitualliamiento y revisar el plan con Sergio. Al igual que yo, Sergio es una persona que prefiere dejar lo mínimo o nada al azar.
En mi caso, luego de varios cruces en solitario, fui ganando experiencia, y esto me han permitido pulir defectos y ser muy exquisito y preciso en la planificación de las travesías.
Cuando le mostré el plan, solo se dedicó a estudiarlo. No lo ha cuestionado. En ese momento no logré darme cuenta si es que no se atrevió al ver que el plan soportaba un cruce de hasta 16 horas,, o si simplemente observó un cierto nivel de obsesividad en la planificación, y ha optado por pasar de cuestionar cualquier cosa.
Y así se pasó el día. Nos fuimos a dormir temprano, muy temprano y a las 2 de la mañana nos estábamos levantando.
Logramos desayunar algo, y cuando nos quisimos acordar ya estaba el Taxi en la puerta esperando con Laura ….
Laura ya había cruzado el canal en dos oportunidades. Vive en U.K., nos conocimos en la última Batalla de Rande, hacía un par de meses, si bien ya teníamos contacto desde hace tiempo. El mundo de las aguas abiertas te acerca a mucha gente, en cualquier lugar del planeta. Si encajaban las fechas en las agendas, Laura se ofreció a subir al barco. Ofrecimientos de estas características no abundan, por lo que indudablemente era un hecho que si se daban las condiciones, iba a subirse a la embarcación, como así ocurrió.
Del hotel al puerto en 5 minutos. Otros 5 para llegar hasta el barco, donde un Capitán muy apresurado nos hace subir a la embarcación para zarpar raudamente, no sin antes controlar pasaportes y responder algunas preguntas a los observadores sobre el avitualliamiento que tendría, medicaciones a administrar de ser necesario, etc., etc.
Era una noche cerrada, sin vestigios de luz. Mientras estamos en el puerto, el agua está realmente muy calmada,. Navegamos por el puerto deportivo, y ya luego salimos a mar abierto, donde la cosa se puso bastante más violenta. Nos tocaba navegar unos 20 o 30 minutos hasta el punto de partida, en la playa de Shakespire. Y a falta de 15 minutos, nos avisan para que vayamos preparándonos. O sea que salimos del puerto, y a los 5 minutos nos dicen que comencemos a prepararnos.
Prepararse significa, en mi caso, untarse con doble capa de crema para el sol, para luego acabar el trabajo con una capa más de lanolina mezclada con vaselina, colocar los tapones para los oídos, ponerse el gorrito, las gafas, etc. No mucho más, por que no se puede nadar más que con un bañador, gorrito y gafas, tal y como lo indican las reglas. Pero esos preparativos previos, requieren de al menos unos 15 minutos.
El movimiento del barco hacía imposible quitarse tan siquiera la ropa, por que te caías, ya que se tambaleaba de un lado al otro. Recuerdo que hacía frío, mucho frío. Estaban todos muy abrigados, y yo estaba ahí intentando quitarme prendas, sin poder mantener el equilibrio.
Sin casi darnos cuenta, llegamos a la altura de la playa que sería el punto de partida, y la embarcación se frena a unos 200 o 300 metros de la costa. No paró de tambalearse. Ese tambaleo, sumado a la presión que nos ejercían los de abordo para que me lance al agua cuanto antes, para evitar que la embarcación se desplace debido a la deriva generada por las mareas, generó un momento de una cierta tensión.
Así fue como el momento en el cual intentas serenarte, para poder entrar al agua de a poco, e ir adaptando el cuerpo, se transformó en prisas, intentando embadurnarme bien, sin escuchar nada ni a nadie, para evitar que nos trasladen sus nervios, que eran muchos.
GO, GO, GO. COME ON. TWO MORE MINUTES. NO MORE. PLEASE Me pareció escuchar. Por suerte no entienden Castellano, y mucho menos mi jerga Argenta. Sino probablemente me hubiesen llevado a puerto nuevamente de haberme leido el pensamiento al escucharlos.
Donde está la escalera, pregunté inocentemente, mientras que me abrían una escotilla por la que había que saltar irremediablemente al agua.
En serio ? Por ahí ? Y la magia de Disney ? Me han traido engañado, esto no es lo que yo compré, pensaba !!! Pero irremediablemente tuve que lanzarme por la escotilla.
Antes de darme cuenta, sin ceremonia previa, ya estaba en el agua, a 15.5 grados, dirigiéndome a la playa.
Al llegar, he notado que la playa no existía. La playa estaba totalmente tapada por el agua. Estábamos a una hora de que se produzca el pico de marea alta y el agua chocaba directamente contra un paredón. Paredón que no se veía debido a que era de noche; solo se sentía cuando las olas chocaban contra el, aunque a medida que te vas acercando, el foco de luz que emite el barco te permite tímidamente distinguirlo.
La luz apunta irremediablemente a una escalera ubicada en algún lugar de ese inmenso paredón. Esa escalera, durante el día, con la marea baja, permite bajar a los bañistas por el acantilado hasta llegar a la playa. Ahora esa escalera era el punto de partida.
Una escalera de metal, que venía desde lo más alto del acantilado, y que se terminaba introduciendo en el agua hasta desaparecer, y que a medida que te acercabas, era fácil intuir que el vaivén del agua te iba a dificultar mucho que puedas subirte a ella.
Los escalones se tapaban por el agua y volvían a verse casi de inmediato, para luego volverse a tapar por el agua. Era un tramo de 5 o 6 escalones en los cuales había que ponerle el foco para colocar un pie y salir disparado para arriba para evitar que la siguiente ola te tire.
Cómo resuelvo este acertijo ? En que momento intento abordar la escalera evitando romperme todos los dientes ? Finalmente antes de que termine de encontrar una respuesta, una ola me empuja hacia la escalera, sin más remedio que reaccionar rápido. Me cojo a la baranda, logro apoyar un pie, y creo que el miedo a morir ahogado en ese mismo instante, me hizo subir rápidamente.
Madre mía, denme el cruce por bueno pensé. Pasar sin rasguños este momento ha sido una proeza.
Me tomo dos segundos, que no fueron los 3 minutos que había planeado en mis visualizaciones, me doy vuelta, miro a la embarcación, de la cual solo se ve un foco encandilante, levanto el brazo, suena la sirena del barco, y me lanzo al agua cuando la ola está más o menos alta.
Ay, por Dios. Que estrés este inicio. No tuve tiempo ni de pedir permiso, así que mientras me iba acercando a Anastasia (nombre de la embarcación) tuve un sincero dialogo con el Canal, presenté mis credenciales, le expliqué a que venía, y si bien no me respondió, tampoco me echó.
Y eso fue todo. Lo que viene después, fue un cruce tan técnico, tan planeado, tan visualizado, que pareció como si ya lo hubiera nadado previamente.
SI NO PUEDES CON EL, CORTALO EN PEDACITOS.
Había hablado con muchos Channel Swimmers previamente a mi cruce. Los he escuchado atentamente. Y si bien cada cruce es distinto, y cada uno hace su historia, tantas charlas me han servido para dibujar en mi cabeza como sería el nado.
Al Canal ya lo había diseccionado en mi cabeza en 4 pedacitos. Y sabía que cada pedacito o etapa que dejase atrás era realmente un logro.
Me había propuesto que la 1ra etapa debía acabarla si o si. Duraría 6 horas, y era muy similar al Assesment que te piden como requisito para aprobarte el slot para cruzar el Canal. Y claro, si no eres capaz de como mínimo igualar el Assesment, pues sería un duro golpe.
Así que allí estábamos, comenzando a despeluchar el primer tramo, que es el que arrancaba ni bien me soltara de la tenebrosa escalera, y sería el más largo, oscuro y probablemente más frío de todos.
Esa primera etapa me significaba nadar entre 15 y 17 grados durante unas 6 horas sin perder la noción de lo que está pasando, o lo que es lo mismo, no entrar en hipotermia.
Las paradas de avitualliamiento fueron un placebo. Parece una trivialidad, pero cada parada eran 20 minutos menos para llegar a las 6 horas. 15 segunditos, quizás 20 que dejas de nadar, tomar un sorbo de líquido a una temperatura media, explicarle a Sergio si estaba fria o caliente, para que la próxima module mejor la temperatura. Tocar la cantimplora calentita con la mano, pegar dos gritos, explicar que todo va bien, y a seguir nadando.
Muchas gracias querido CANAL por haberme permitido nadar estos 20 minutos sin echarme. Muchas gracias.
Entre cada avitualliamiento, exactamente pasados 10 minutos, Sergio me marcaba el ritmo de brazadas. 52, 54, 53. BIEN. Muy bien. Lo llevás bien, pensaba para mi mismo. Sigue así. Una bajada o subida súbita de brazadas no sería bueno.
Al rato comienza a aclarar. La paulatina claridad y la salida del SOL, la he vivido con mucha intensidad. No recuerdo rogarle tantas veces al SOL que intente por una vez en su larga existencia, que apure su alzada. Por un día que te salgas del libreto, no pasa nada, pensaba …. Llevas millones de años amaneciendo tan lentamente ……
Hace 16 grados en el agua, pero la gente está en el barco con mucho abrigo. Digno de un día de invierno. No veo claro si el pasar de las horas no me terminarán abatiendo. Solo puedo confiar, y el SOL será un aliado y una ayuda. Por favor SAL de una buena vez.
El barco tenía justo en la mitad de su eslora, dibujada una carita. Un SMILE, que al primer reflejo del sol, brillaba más que una pirámide inca en pleno equinoccio de verano. Era maravillosa. Era la carita del SMILE de Forest Gump cuando corriendo su larga travesía por el desierto Americano, se quita el sudor con una toalla y queda marcada, convirtiéndose luego en un hito de ventas. El SMILE que hemos llevado en nuestras camisetas/remeras en la década de los 80, compitiendo con Fido Dido para ver quien era más popular.
Forest corría por que tenía ganas, y solo sabía aprender de los demás y de sus propios errores. Y en ese momento pensé que estaba allí, en donde estaba, en el medio del Canal, en pleno amanecer, con un frío muy potente, aunque de momento, administrable, nadando por el solo hecho del disfrute que me generaba, y estaba volviendo a tener una clase magistral de humildad y entrega.
No tengo claro si esto es un acto de total egoismo, o por el contrario, de bondad. Como fuere, me siento muy afortunado de estar aquí. Muy afortunado.
Soy plenamente consciente de la suerte que he tenido en llegar hasta aquí. Me siento muy querido, y el hecho de estar ahora mismo nadando en el medio del Canal de La Mancha, disfrutando de este maravilloso estilo de vida, es una manera de devolver ese cariño. Es mi manera de devolverlo. Soy inmensamente feliz en este momento, pero es que lo soy en general. Quizás no sea muy jocoso, pero si feliz. Tenemos que ir detrás de nuestros sueños, de nuestras pasiones, de lo que nos serena y nos moviliza. Es una inversión que merece la pena realizarla. Es sanadora.
Finalmente el SOL ha salido y comienza tímidamente a levantar. Con el pasar del tiempo Sergio va adquiriendo experiencia con los avitualliamientos, y Laura está allí viviendo activamente el cruce, seguramente pensando en su próxima tercera experiencia, que estaría al caer. Ella ya lo había cruzado en 2 ocasiones. Madre de Dios !!!
Cada uno encuentra su posición dentro del barco, y eso hace que todo funcione como un engranaje muy aceitado.
Los observo con atención, a cada uno de ellos. Me adelanto de a poco hasta la proa, cambiando un poco el ritmo por un instante, miro al capitán y a la tripulación. Me dejo luego vencer por la embarcación y vuelvo al punto del SMILE, que me hace compañía y me serena. Que nos hablamos y nos vamos contando cosas. La cantidad de cruces que habrás vivido. Las alegrías y sueños rotos que habrás visto. Cuantos abrazos y cuantas lágrimas habrán mojado este barco. Cada loco con su tema. Los sueños están para moldearlos y vivirlos, despierto o dormido.
Al cabo de poco Sergio se acerca a la barandilla del barco, de la que en realidad nunca se alejó. Pero esta vez se coloca justo encima del SMILE, a mitad del barco. Hay una puertita, que corta la homogeneidad de los caños de resguardo que recorren el barco de proa a popa, exactamente igual a la que me abrieron para lanzarme al agua en penumbras hacía ya unas 3 horas. Vamos que ya van 3 horas. Seguramente el 25% de todo el cruce. Falta poco para llegar al Ecuador. Seguramente luego la cosa debería ir a mejor. Vamos, 3 horas más y estamos en la mitad.
Sergio se sienta, y me observa. En ese momento, el quizás no era consciente, pero me estaba abrazando, me daba fuerzas, me decía al oido que siga, que iba bien, que iba muy bien.
Estás muy fuerte y llegarás. Nunca te vi tan fuerte como en esta temporada. No decaigas. En ese momento, esa conexión era todo lo que necesitaba. Estaba seguro que se hubiese tirado al agua para nadar un rato juntos..
El sabía todo lo que me estaba pasando, física y mentalmente. Todo, no había un solo detalle que se le escapase. Como me sentía, cuanto frío tenía, todo lo que faltaba, lo que podría estar pensando.
Y en esa conexión, nadábamos juntos como lo hacíamos usualmente en Badalona durante todo el año, haga frío o calor, este lloviendo o hubiese sol, el mar este como un plato o intratable, hayan o no medusas ….. mmmmh no no …. esto último no … si hay medusas cuando entrenamos, yo me salgo. Así haya recién entrado.
– MEDUSAS, grité exaltado.
– MAS, volví a gritar.
Estoy entrando en la 2da etapa del cruce, pensé. Se ha acabado el primer pedacito, el de frío más frío; el del frío agotador; el del frío que te deja sin aliento, y sigo aquí. Comienza el 2do tramo, el de las medusas.
Por una razón que desconozco, aunque supongo que debe estar relacionado con las corrientes, a mitad de canal está lleno de medusas. Muy lleno. Inmensamente lleno. Sería impensable entrenar con esa foto. Aquello era una RAVE de medusas. Había más medusas que agua.
Durante dos horas las verás por todos lados. Abajo, en el medio, en la superficie. Son un infierno. No las conozco. No son las del Mediterraneo. No se cual tiene mala leche y cual no. Así que ante la duda, me presento de buena manera y les pido permiso para nadar entre ellas.
Me espantan, pero esta vez, no sentía miedo, solo respeto. Si te pica una o dos, no pasa nada. Si te pican 30, probablemente termines arriba del barco con un shock anafiláctico, así que mejor esquivarlas.
Quejoso por lo que tocaba, pero al mismo tiempo feliz por haber cambiado de etapa, me adentré en ese mar de medusas, frenando, avanzando, volviendo a frenar, repicando un brazo, repicando el otro, hasta que pasadas casi dos horas, comenzaron de a poco a disiparse. Seguían allí, pero cada vez se veían menos. Luego de dos horas casi, vuelvo a relajar la cabeza, y fijo mi mirada en la profundidad, aliviando las cervicales. Llevaba dos horas casi, nadando con la cabeza levantada. No está bueno.
Las pocas que quedaban parecían que pasaban en cámara rápida. Volaban.
Estas deben ser complicadas pensaba, mientras volvía a levantar la cabeza por si alguna se volviese a aparecer a la altura de la superficie, como muchas otras.
Pero no, fueron desapareciendo como las estrellas al amanecer, pero las cada vez menos que se aparecían volvían a pasar por debajo mío a una velocidad que impresionaba.
YA ESTAS ENTRANDO EN LA CURVA, ESTAMOS EN AGUAS FRANCESAS me grita Sergio en el avitualliamiento.
La curva es la 3er etapa. El 3er pedacito.
La curva es el cambio de marea. Este cambio de marea te dirige irremediablemente al SUR.
Cuando vuelva a cambiar la marea, dentro de 6 horas, ya estarás casi tocando Francia. Ya estás en el Ecuador
……..
Van 7 horas, esto tiene buena pinta. Ya pasaste el frío y las medusas. Por favor no decaigas. Sigue así. No te pases de rosca tampoco que falta mucho.
Dialogo mucho conmigo miso cuando estoy ahí abajo.
Esto no me sorprende tanto. Lo que realmente me sorprende, es que me respondo también.
– Que estoy manteniendo el ritmo, que no me estoy pasando.
– Vale, vale. Solo estoy repasando el plan en voz alta.
– Gracias …. Mantengámonos juntos por favor. No nos separemos, que puede ser peligroso seguramente ….
Supongo que un exceso de aire en el cerebro, termina haciendo mella ….
El SOL sigue en el mismo punto de siempre. No se mueve. Si estuviera realmente en la curva, debería notar un cambio, pero hace dos horas que está inmutable a unos 50 grados mirando hacia el Este.
YA ESTÁS CASI EN LA CURVA me grita Sergio mientras avituallo.
Yo, desquiciado con el SOL, le respondo, HACE DOS HORAS QUE ESTOY ENTRANDO EN LA CURVA. EN QUE QUEDAMOS ??? Y sigo nadando sin esperar su respuesta.
– Confirmo que un exceso de aire en el cerebro genera comportamientos extraños.
Por suerte estando ahí abajo, supongo que todo se perdona, pero la realidad es que no eres consciente de como tratas a la gente en ese momento. Indudablemente, no con tu mejor sonrisa. PERDON si me pase en la frenada!!!!
Y a pesar de que el sol seguía inmovil, la curva se hizo realidad. Nadamos como 5 horas a un ritmo vertiginoso.
– ESTAS NADANDO POR DEBAJO DEL MINUTO LOS 100mts. Me decía Sergio en el avituallimiento.
– Pocos minutos después, al orinar e infomar al barco con un grito PIPI, veía que la gente, ya en manga corta y muy distendidos, se abrazaban, festejaban como si hubiese metido un gol de media cancha.
– Orinaba a los pocos minutos de avitualliar, sin dejar de nadar, y la gente estaba de fiesta. Y yo pensaba, estos se piensan que esto está hecho, pero falta un buen rato aún. Pero sus gritos, festejos, risas, diferían una eternidad de las sombras que me generaba cuando tapaban ese único y encandilante foco de luz que el barco utilizaba para indicarme por donde nadar. No habíamos llegado, pero todo iba bien.
– AHÍ LA TIENES, señalando a tierra Francesa.
Madre mía. Es Francia. No me había atrevido a mirar al horizonte en ningún momento. No quería tener inputs de distancia que me difuminen el pensamiento, que me confundan, que me quiten de mi estado. En todo momento supe donde estábamos, pero solo por el tiempo que llevábamos y por la posición del SOL, y nada más.
Y ahí estaba. Era verdad. Una vez mas … FRANCIA. Como el año anterior al nadar la Jersey to France.
– TIENES QUE APRETAR SINO NO LLEGAS me dicen en el avitualliamiento.
– EL CAPI TE LLEVA DIRECTO AL CABO, SIN VOLVER A DAR OTRO GIRO. VENIS BIEN, PERO SI BAJAS RITMO, TE QUEDARAS EN EL AGUA NADANDO UN BUEN RATO MÁS. SEGUI NADANDO. NO PARES. VA VA …..
Bueno, pensé. Esto va tomando forma. Vamos a apretar un poco, pero tampoco te sarpes. Que romperse ahora sería una tragedia.
Me acercaba al Cementerio de los Nadadores. Un lugar trágico, donde muchos nadadores son levantados a la embarcación, incapaces de llegar a tierra. La tierra te expulsa. Los rebufos y las corrientes son complejos, y no puedes llegar a la costa. 12, 14, 18 horas nadando, y te levantan sin que puedas rechistar. El Capitán tiene la última palabra.
Sabía que había una boya de luz por ahí que debíamos dejar a la derecha. Dejarla a la derecha era una muy buena señal, ya que es probable que llegues a tierra. Estuve esperando encontrarme con la Boya de Luz mucho tiempo, pero no aparecía, y no aparecía, y seguía sin aparecer ….
– DONDE ESTÁ LA PUTA BOYA, QUE NO LA VEO, les grite dulcemente al barco.
– VAS DIRECTO AL CABO, TE DIJE, me replicaron. No pasarás por la Boya. SEGUÍ APRETANDO QUE LLEGAS EN UNA HORA.
Así que sumisamente he apretado, subiendo las brazadas hasta 58 al minuto, y cuando ya me dijeron que quedaba una hora, subí hasta 65. Un ritmo vertiginoso que no me permitiría nadar más de 15K, pero ya estaba siendo el último esfuerzo.
La deriva que generaba la marea, ayudado de una mayor frecuencia, me llevó hasta las puertas del Cap Gris Nez, en tierras Normandas. Un cabo con un impactante faro en lo alto de sus interminables acantilados.
Podía sentir como el agua me expulsaba. Me decía que no me permitiría pasar. Se generaban remolinos, las corrientes parecían no tener sentido de orientación, ya que cambiaban bruscamente. La velocidad bajó rápidamente. Pero seguimos nadando y acercándonos. A 300 o 400 mts, el barco se frena y una moto que llevaban pasa a ser mi nueva guía. Me acompaña, me alienta, me quedo solo ese tramo corto, pero muy lento.
Finalmente, ocurre una situación que es mágica y te baja a tierra de un golpe. Comienzas a ver el fondo del mar, muy difuminado, pero lo ves. Se ven peces. Todo es más familiar.
Me paso unos metros de la punta del cabo, pero llego a una playa de infintas rocas, precediendo a unos inmensos acantilados, como los que había dejado en Dover hacía casi 11 horas, y me enfrento a una piedra, que jugando el mismo jueguito que la escalera de la playa de Shakespire, me lo pone dificil para coronarla.
Subo y bajo, subo y bajo, y a la tercera me animo y me quedo arriba. El agua rompe justo en su superficie, pero no es lo suficientemente fuerte para voltearme.
Esto ha acabado. No me lo creo. He cruzado el Canal de La Mancha. Se que han sido menos de 11 Hs, pero no tengo ni idea de cuanto. Los últimos avitualliamientos fueron caóticos y desprogramados, así que perdí la noción del tiempo. Solo me dediqué a nadar.
Me quedo allí. Saludo al Barco. Saludo a todo lo que se cruza por allí. Las olas, las gaviotas, una piedra, tres peces. Todos sonrien. El despertador no suena. Parece ser que esto fue de verdad !!!! Por Díos ….. Fue de verdad.
Vuelvo a lanzarme al agua y le digo a la Moto que me lleve, pero se niega y se aleja un poco. Y a medida que me acerco, el sigue mi ritmo sin que pueda acercarme más. Así llegué nadando hasta el barco, unos 300 mts.
Esta temporada nadé exactamente 1.050 kilómetros incluyendo al canal y el Río de La Plata. El ratio de piscina / mar fue asombrosamente diferente al de otros años (55%45%)
Siendo argentino, nadar el Canal tiene un significado doblemente especial.
Este año me he dado el gusto de nadar en los espejos de agua más importantes de sendos paises/reinados: El Rio de La Plata y el Canal de la Mancha o Estrecho de Dover.
Haciendo mención a las Argentindades al Palo, el primer cruce doble del Canal fue de un Argentino, Don Antonio Abertondo.
La primera vez que se cruzo fue en el año 1.875 por el Capitán Matthew Webb.
Hubieron 19 cruces argentinos ( 1 doble ) nadados por 14 nadadores en los 150 años de historia del Canal. Con mis 10H44M que he tardado me he quedado con el 4to registro (aunque el tiempo en aguas abiertas, no signfica nada), detrás de 2 inmensos nadadores como son Claudio Plit y Gustavo Oriozabala que han cruzado por debajo de las 10HS a sus 20’s años. Mis mayores respetos.
La historia de los nadadores Españoles es algo más extensa. 26 cruces en total (1 doble). Me hubiese quedado con el 7mo registro. Con que nací en Buenos Aires, mi filiación es Argenina.
Nade un total de 44.5 Km, lo que signfica 10 Km más de lo que sería trazar una línea recta entre ambos puntos. Hacerlo en Ferry hubiese sido más rápido y recto indudablemente.
Pero lo más importante, creo haber trazado muchas sonrisas en mucha gente que me quiere, y que seguramente se animarán a aventurarse a nuevos desafíos en su vida.
Gracias !!!